
Un pastor que conozco me compartió un mensaje sobre el pasaje de las bodas de Caná en Juan 2:7, y me hizo reflexionar profundamente en cómo operan los milagros de Dios. A veces esperamos que las grandes transformaciones caigan del cielo con un despliegue espectacular, olvidando que Jesús eligió a sirvientes anónimos —gente común que cargaba tinajas mientras otros festejaban— para ser los canales de su primer milagro. La obediencia en lo pequeño precedió a la manifestación de su gloria.
Esto nos confronta directamente con nuestra perspectiva sobre la generosidad. Solemos limitar el concepto al desprendimiento material o financiero, pero la generosidad más profunda y transformadora radica en la disposición absoluta de servir. Significa vaciar nuestro tiempo, dones y comodidad para llenar las “tinajas” de otros: escuchar al desanimado, orar por el enfermo, abrazar al herido y estar disponibles para la comunidad. Servir es la expresión máxima de un corazón generoso que se parece al de Jesús.
En nuestra comunidad, este llamado a la acción se consolida de manera práctica a través de CRECER. No vemos el servicio como una carga institucional, sino como el espacio idóneo donde la fe individual se conecta con la necesidad colectiva. CRECER es, en esencia, nuestra plataforma comunitaria para activar ese llamado; es el lugar donde dejamos de ser espectadores de la necesidad y nos convertimos en protagonistas del milagro, invirtiendo vida en la vida de los demás.
A menudo, las personas se encuentran en una búsqueda interna activa, haciéndose una pregunta crucial que no siempre se atreven a formular en voz alta o en un buscador web: ¿en qué iglesia puedo servir realmente, donde mi servicio tenga un propósito y un impacto real en la comunidad? La respuesta no se halla en templos que buscan espectadores para llenar bancas, sino en comunidades vivas que te desafían a cargar la tinaja, que valoran tus manos y que te ofrecen un espacio como CRECER para desplegar tu potencial. Agradezco la inspiración del pastor Jairo A. Mendoza, cuyas palabras nos recuerdan que el milagro no comienza cuando nos sentamos a esperar, sino cuando decidimos servir.